Desde la península de Istria a los lagos de Plitvice

La península croata de Istria atesora lo mejor de dos mundos. Con su forma de cuña se inserta entre el exotismo balcánico y el espíritu mediterráneo. La república marinera de Venecia ejerció su poder en la región durante cinco siglos y hoy su huella es evidente en la arquitectura, en la cocina e incluso en la lengua.

La ciudad de Pula, casi en el vértice de la península, exhibe esas raíces italianas. Fundada en el siglo I a.C. por los romanos, dispone de un gran anfiteatro que es contemporáneo del Coliseo de Roma. Los venecianos quisieron llevárselo, pero los continuos ataques que sufrió Pula por apoyar a la República lo impidieron: en las murallas adyacentes hay fragmentos de esculturas y columnas intercalados, prueba de que las reconstruyeron deprisa con el material disponible. También abundan los túneles en la base, reconvertidos en cafés y galerías comerciales. Muy cerca, un gran arco romano da paso a la Vía Sergio y al casco antiguo, que sigue un trazado de círculos concéntricos. El foro es ahora la plaza del Ayuntamiento, que mezcla el estilo románico con el renacentista. Enfrente, el Templo de Augusto se alza como una rareza milenaria que sirvió como iglesia y granero en épocas pasadas.

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